jueves, 2 de abril de 2009

Tarde Piaste

El viento lo despeinaba mientras se balanceaba de lado,
tenía los brazos abiertos
y las mangas de la camisa y el pantalón se le pegaban a
las extremidades en caprichosos pliegues. El reloj se le
estaba por desprender, no le importó, era un regalo de su
esposa y todo lo referido a ella era cosa del pasado, menos
sus hijos, que era lo único que lamentaba, perder la batalla
legal por la tenencia lo había destruido y lo tenía ahora en
esta situación; los dejó bien parados, el dinero invertido
rendiría sus frutos y no tendrían de qué preocuparse, la
corbata jugaba con el viento y le golpeaba la cara, pronto
todo terminaría, miró al vacío y pensó en cuánto faltaría;
se acordó que le había quedado una deuda con un amigo,
meneó la cabeza a los lados, el pelo se le metía en los
ojos, la cercanía del desenlace, de golpe, lo hizo recapacitar,
de repente tuvo miedo, pataleó, ya no quería morir, estaba
arrepentido, pero el duro asfalto terminó con todas sus
dudas.

1 comentario:

  1. El primer cuento publicado. Es como cuando tu hijo se recibe en la universidad, pasa de grado o simplemente aprende a hacerse el nudo de las zapatillas. Es una satisfacción inmensurable, una pequeñez quizás, pero ahí está, en la página 101 de (Literatura Comprimida 2007) ...o como un error ortográfico de Cervantes en el Quijote...

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