"Ahora que me dispongo a dormir
ruego a Dios cuide mi alma,
y si muero antes de despertar
le suplico a Dios que se la lleve".
Tomás se despertó sobre la hierba aturdido y temblando, con las mejillas empapadas por el rocío que se había formado en el pasto que le servía de almohada. Sintió frío, se acurrucó sobre él mismo y trató de arroparse con unas mantas que no encontró. -Dónde estoy?-.
-Mamá-. Se refregó los ojos con las dos manitas al mismo tiempo y con un largo bostezo se desperezó estirando los brazos con los puños cerrados hacia el cielo y arqueando el cuerpo hacia un lado, mientras abría los ojos y abandonaba el sopor de la noche miró alrededor suyo. Lo que vio le pareció mágico, era como un jardín, no, más bien era como un bosque en invierno, nevado en las copas de los pinos como los que mamá armaba para navidad con algodón, el suelo estaba salpicado de pequeños espejos de nieve semejando huellas de gigantes, pensó en su oso de felpa blanco que lo acompañaba en las noches después que su madre le leía un cuento y lo arropaba para dormir, extrañó el beso de las buenas noches.
Se desplomó de espaldas al cielo contemplando los pájaros que volaban en círculos gorjeando sus trinos al cielo azul que ya le iba ganando la batalla a la noche. –Alguna vez volaré como los pájaros, mamá me va a enseñar- pensó.
Las risas de unos niños lo sacaron de su letargo, se sentó en el pasto que ya empezaba a secarse y vio como corrían hacia un claro del bosque. De a poco comenzaba a comprender qué era lo que hacia allí, se puso de pie sacudiéndose primero la hierba del pantalón como quien se saca chocolate de las manos, no golpeándose sino frotándose hacia abajo, se plancho la camisa de la misma forma y se acomodó el cuello él solito,-Mamá, me arreglo el cuello solito- dijo en voz alta y se enderezó el moñito de alitas que le ceñía el cuello. Debo darme prisa-, dijo, y comenzó a caminar hacia las grandes puertas del castillo.
Las antiguas y amenazantes puertas dobles de madera del castillo estaban cerradas, flanqueadas por dos enormes osos polares blancos de pelaje brillante y de postura gallarda armados con dos lanzas de pino y parados sobre las patas traseras, los niños entraban en tropel por una pequeña portezuela practicada al pie de la Gran Puerta Derecha, -despacio niños, entren de a uno y despacio, por el gran Abeto!- les decía una lechuza de pelo cano, lentes y muchos años encima que se encontraba apostada contra la Gran Puerta Izquierda–no sean atolondrados que hay para todos!- el oso polar blanco que se encontraba a la izquierda le preguntó a la Lechuza que trataba de ordenar la entrada, que por qué no habrían las Grandes Puertas –ojalá nunca sean tantos que tengamos que hacerlo hijo- fue todo lo que recibió como respuesta de parte de la Lechuza, el oso bajando la cabeza comprendió al instante.
La fila de niños se iba formando ante un atril inmenso de madera oscura y miles de años, Tomás se acomodo ordenado por un gato que amablemente le dio una tablita de madera que contenía un numero grabado a fuego, era el numero quince, tenía delante una niña rubia de pelo rizado que no dejaba de parlotear y detrás un niño fortachón que aparentaba de más edad de la que en realidad tenía. La niña le dijo que se llamaba Tina, que venía del cumpleaños de una vecina pero que lamentaba haberse perdido la torta y los globos y el show del payaso y los juegos de muñecas y la bolsita sorpresa y los… -ya cállate!- la silenció el fortachón y dándole la mano a Tomás se presentó –me llamo Raúl, pero todos me dicen Tito, puedes llamarme así si lo deseas-. –Tomás- dijo él –y mi mamá me llama Tomy, pero con Tomás estará bien- sólo su madre lo llamaba así y era un trino de pájaros escucharlo en los labios de ella y no dejaría que nadie blasfemara aquél recuerdo. -Yo pediré la colección completa de los Action Troopers, supérame en eso, vamos, dime qué pedirás?- le preguntó Tito, a lo que Tomás iba a responder pero Tina lo sujetó del hombro –no le cuentes, es un secreto de cada uno y no debes contárselo a nadie, salvo cuando te toque el turno!- los recuerdos le iban llegando de a poco acerca de las reglas del Castillo y entre telarañas se iban abriendo paso hasta la parte mas superficial de su memoria. –Lo siento, ahora lo recuerdo, sólo ante el Gran Conejo!- Catorce!- -Es tu turno Tina, suerte!- Tina le dio un beso a Tomás en la mejilla y otro a su tablita de madera, tocó la mano de Tito y dándose vuelta se encaminó al Gran Atril de Algarrobo.
Desde donde estaban podían ver a Tina pero no escucharla, Tito se preguntaba que pediría, -seguro alguna muñequita con su vestidito rosadito- dijo con voz burlona mientras empujaba a Tomás hacia adelante tratando de oír, vieron como un gracioso pero educado chimpancé tomaba de la mano a Tina y se la llevaba hacia un lado del Gran Atril, ella dando vuelta la mitad del cuerpo hacia atrás los saludó con la mano hasta casi perderse entre los otros niños que ya habían pasado por el Gran Atril. –Quince!- Tomás no tuvo tiempo de preguntarle nada a Tito, -es tu turno, a que esperas?, anda vamos!- Tomás aferró su tablita con ambas manos y dio unos pasos mientras volteaba la cabeza y veía a Tito cada vez más lejos que con el puño cerrado y un pulgar arriba le daba ánimo, acarició el relieve del número quemado y luego de dar otros pasos llegó al pie del Gran Atril.
-Puedes subir a la escalerita?- le dijo una anciana voz desde lo alto –sí, lo siento- dijo él mirando el escalón y trepando uno a uno los tres que formaban la escalerita hasta una plataforma, mientras subía vio lo que parecían ser un par de puntiagudas orejas grisáceas que iban creciendo a medida que el ascendía hasta descubrir la cabeza de un gran conejo que parecía tener la edad de todos los animales del Gran Castillo juntos. –Hola Tomás, te hemos estado esperando- le dijo con una voz cavernosa que asustó a Tomás en un primer momento pero que luego fue menguando hasta convertirse en casi la misma voz que su abuelo, los pequeños ojos del conejo lo miraban detrás de unos lentes redondos, sobre una espesa barba, -Dime tu deseo, hijo-. El Gran Conejo bajo la vista a un libro de hojas arrugadas y amarillentas, y con una larga pluma de gallo se preparó a anotar el deseo de Tomás. -Quiero la Felicidad, la Felicidad de mi madre!-
El Castillo entero calló en un silencio sepulcral, solo roto por el crepitar del fuego en las velas avivadas por el viento que se colaba por las rendijas de las ventanas, Tito se golpeo la frente con la palma de la mano en señal de desaprobación. El Gran Conejo, se tomó de los lados del atril en un esfuerzo por levantarse, dos gorilas se acercaron prestos a ayudarlo, -el Maestro quiere ponerse de pie!- susurro un topo –que ha pedido el niño?- preguntó un puma sin poder creer lo que había escuchado momentos antes, -quiere la Felicidad, la Felicidad que ha perdido su madre! Puedes creerlo?- le contestó un orangután llevándose la mano a la cabeza –No, eso es imposible!- balbuceó un gato siamés viendo como el Gran Conejo se ponía de pie.
-Muchacho, puedes pedir lo que quieras, el juguete que quieras, la fiesta que quieras, aquí concedemos tu deseo más profundo, aquí te daremos lo que más deseas en la vida…vamos, dime que juguete quieres….-
-Solo quiero la Felicidad de mi mamá- dijo casi sollozando, -estás completamente seguro?- le preguntó, –aquí cumplen todos los deseos, no?-interrogó Tomás secándose las lágrimas que ya comenzaban a asomar con la manga de su camisa, -así es- le contestó el Maestro, -entonces es lo que quiero-.
El Gran Conejo casi se dejó caer en la alta silla amortiguado por los dos gorilas que velaban por su seguridad, pasó su mano por su tupida barba, meneó la cabeza, y con un gesto llamo a uno de los gorilas –ve a buscar a Leonardo-.
La multitud se había agolpado detrás del Gran Atril, una inmensa diversidad de animales casi humanos y una gran cantidad de niños eran testigos de los acontecimientos del milenario castillo. Luego de unos minutos la muchedumbre se abrió de atrás hacia adelante como el mar se divide al paso de un barco, Tomás vio que sobresalía una larga melena color caramelo de las cabezas de entre los animales más altos, al paso de la enorme figura todos se iban haciendo a un lado, de pronto apareció en el semicírculo que se había formado alrededor del Gran Atril como un gladiador que entra en la arena con la mirada clavada en el conejo. -Debes tener problemas viejo conejo!- el Gran Conejo interpuso el brazo ante uno de los gorilas que casi se abalanzaba sobre el recién llegado, -y muy grandes Leonardo!- Leonardo emitió un rugido desafiante por lo bajo en dirección al gorila, su instinto de león aun ardía dentro de él a pesar de los años, al notar que tenía su atención el Gran Conejo le habló a Tomás –muchacho, él es Leonardo, un valiente León– a Leonardo se le infló el pecho como un globo- y él te llevará a hasta lo que buscas-. –Así es niño, no hay animal mejor que yo para buscar algo en el Gran Castillo- y dirigiéndose al conejo dijo,- y dime Viejo Maestro, qué quiere el niño que me has ido a buscar?-. El Gran Conejo lo miró desde el Atril con los ojos fieros y casi saboreando su momento de gloria ante el viejo león –simplemente, la Felicidad-, el León retrocedió y tragando saliva dijo –pero eso es imposible, cómo pides semejante cosa?!- Todas las miradas se centraron en Tomás que ya se había bajado de la escalerita y estaba delante del león – Yo Señor León, yo lo he pedido para mi madre- aún tenía los ojos colorados y las manitas juntas apretaban la tablita de madera. Leonardo dirigiéndose al conejo pero sin sacar la vista de Tomás y señalándolo dijo – por qué no le das un juguete como a todos!- el conejo pidiéndole que se acerque al atril le dijo –Leonardo, sabes que en los más de trescientos años que estoy al frente del Gran Castillo jamás he dejado un deseo sin conceder y no empezaré ahora en el final de mis días, así que guárdate tu orgullo y demuéstranos que sigues siendo lo que alguna vez fuiste!- Leonardo apretó toda su bronca en un puño, la hizo un paquetito y se la guardó en el bolsillo, -sabes que no seré ingrato- le terminó de decir el Gran Conejo, Leonardo bajó la cabeza en señal de saludo pero sin quitarle la vista y dándose media vuelta echo a andar por donde había venido, al dar una docena de pasos se lo escuchó decir sin voltearse, -vamos muchacho que no tenemos toda la vida y debemos encontrar tu “juguete”- Tomás lo siguió raudamente mientras de fondo se escuchaba –Dieciséis!-.
Tomaron por un ancho pasillo custodiado por estatuas de viejos animales en poses heroicas y seniles, el olor a incienso y rosas inundaba todo el corredor, a Tomás le hizo picar la nariz que al rascarse le hizo cerrar los ojos que involuntariamente le hizo chocarse contra el león que se había detenido ante una de las puertas del largo corredor –perdón Señor león- le dijo encogiéndose, el león le regaló una mirada seria que hizo retroceder unos pasos a Tomás, pero de inmediato le señaló el cartelito de bronce que estaba amurado en la parte superior del marco de la puerta, -comenzaremos la búsqueda por aquí- le dijo mientras tiraba del pomo de la puerta hacia adentro haciéndolo girar hasta escuchar un chasquido que al producirse la abrió de par en par. –“Amor”- dijo Tomás leyendo el cartelito mientras entraba detrás del león. Acostumbraron los ojos a la penumbra, unas viejas velas iluminaban tristes figuras que se adivinaban en sombras en las paredes laterales, el león le hizo un gesto a Tomás de que se quedara quieto mientras él avanzaba en dirección a una oscura sombra que parecía dormitar sentado a una mesa de bar. –Saludos triste figura- la sombra elevó el rostro dejando ver un semblante pálido y frágil, una mueca se dibujó y una mano hizo un ademán señalando una silla y empuñando un vaso de vidrio a medio llenar dijo –bebe conmigo- las palabras sonaron en un susurro que Leonardo no pudo casi oír, -estoy buscando algo… algo que quizás tú sepas dónde esté- le dijo Leonardo con voz calmada pero segura, -sé lo que buscas, muchos han venido aquí buscando lo mismo, pero solo se han ido con las manos vacías y otros se han quedado aquí a desangrar sus corazones y ahogar sus penas con lo único que han encontrado- bajó la vista hacia el vaso que temblorosamente bajaba de sus labios más vacío que antes –no encontrarás la Felicidad en el Amor, en él sólo hay tristeza y amargura, egoísmo e interés, soledad y sumisión, bajó la cabeza del todo hasta casi darla con el borde de la mesa e inmediatamente con un grito la levantó y con sus ojos inyectados en sangre sentenció –malditos somos los que alguna vez amamos, los que alguna vez confiamos en el amor, amor como el que tú crees es solo una sarta de mentiras- apoyándose en la mesa comenzaba a ponerse de pie tambaleándose, las otras figuras oscuras iban apareciendo detrás de el, Leonardo retrocedió hasta donde estaba Tomás, el niño se escondió detrás de él lleno de temor –un egoísmo tal capaz de desafiar a la misma naturaleza, nunca caigas en las redes del amor… nunca caigas…- Leonardo cerró la puerta tras de si tratando de hacer oídos sordos a las palabras que salían a borbotones de la boca del borracho y soltando una maldición dijo- malditos ebrios…!- miró a Tomás y tomándolo de la mano le susurró,- vamos muchacho, definitivamente no esta aquí lo que buscas-.
Se detuvieron delante de otra puerta que era un calco de la anterior salvo por el cartelito que colgaba en el dintel superior que decía “Fortuna”, al abrir la puerta los recibió un hombre rechoncho y rozagante de bigote prolijo y pelo engominado, tenía una bata de seda bordó con una inscripción dorada en el bolsillito superior que Leonardo no pudo distinguir qué era y unas pantuflas a cuadritos azules y rojos, -pero pasen y sean bienvenidos a nuestra humilde casa!-, unas personas estaban reunidas frente a una chimenea y tenían algunas una copa de coñac y otras unas largas pipas que despedían un humo plomizo que daba a la sala un aspecto sombrío y la luz dibujaba caprichosas formas entre las nubes. –Estamos buscando…- empezó Leonardo-, -lo sabemos, sabemos que buscan- Tomás se adelantó y tomando de la mano al señor le dijo casi en una súplica –entonces podrán ayudarme!- el hombre con una sonrisa franca y pasándole la mano por la cabeza a Tomás le devolvió –no muchacho, desgraciadamente no podemos ayudarte, la mayor parte de nosotros pasó su vida entera amasando fortunas tratando de encontrar lo que tú buscas… la Felicidad…- miró el suelo, en ese momento como un relámpago pasaron miles de recuerdos por la calva y engominada cabeza del hombre- no, definitivamente no podemos ayudarte… pero podemos hacerte una proposición- cuando levantó la cabeza sonreía de oreja a oreja, -cuando encuentres la Felicidad ven con nosotros que te la compraremos, te haremos una oferta por ella que no podrás rechazar, -mirando ahora al león y señalándolo le dijo –le pagaremos muy bien!-.
El pasillo antes de la última puerta tenía un escalón donde Leonardo y Tomás se habían sentado desalentados, -sabes niño, yo tenía un hijo como de tu edad, era mi cachorro, mi luz, mi vida,- el león no miraba a Tomás que sí lo escuchaba atentamente, sino que miraba al vacío, a un punto distante del largo pasillo, -la vida me lo arrebató sabes, tan joven, tan lleno de energía, no pudo cumplir su último deseo como tú, y tú tan lleno de soberbia vienes a pedir “La Felicidad perdida de mi madre”, vamos muchacho, déjate de tonterías y llámate dichoso de poder disfrutar de un último deseo que a algunos les está vedado, te dan cualquier juguete que desees pero tú eliges imposibles- al león se le empezaba a erizar el pelo de la nuca en clara señal de enojo, Tomás no se amedrentó, a pesar de sus cortos seis años de edad comprendía al león, le habían arrancado a su cachorro tan repentinamente que no pudo cumplir su último deseo que sólo estaba reservado a los niños que estaban por dejar este mundo… -Señor León…- con su pequeña manita
tomó la feroz garra del león y la apretó –si pudiera darle mi último deseo a su cachorro tenga plena seguridad que lo haría…- Leonardo cerró los ojos al escucharlo y sintió vergüenza por dentro por como lo había tratado, giró la cabeza y vio al niño que no podía aguantar más las lágrimas y contagiándose dejó caer una sobre su mejilla, puso una garra sobre el hombro de Tomás y dijo: -Vamos muchacho, sé dónde está lo que buscas!-
La puerta que acababan de atravesar tenía un cartelito que decía “Realidad”.
La sala de terapia intensiva de la clínica estaba en absoluto silencio sólo roto por el monótono y persistente beep de unos aparatos que estaban a un lado de la cama, Tomás lentamente abrió los ojos y vio a su madre tendida a los pies de la cama dormida, con una manito le acarició los cabellos y ella fue despertando lentamente quizás viviendo el sueño que estaba soñando donde su hijito salía del coma en el que había entrado después de ese accidente y veía con felicidad como su sueño se iba haciendo realidad –mamá, encontré la felicidad que habías perdido!- -siempre haz sido tú, hijo mío, mi única y Gran Felicidad!- dijo su madre abrazándolo y besándolo por todos lados, bajo la puerta de la entrada a la sala un duro león de gran corazón no paraba de llorar viendo como el Amor, la Fortuna y la Felicidad formaban una sola realidad en esos dos seres… cuando de repente sintió un tirón de su cola, y al darse vuelta ve con alegría que un cachorro de león con los brazos levantados le dice –me levantas papá?- el desarmado corazón de Leonardo se armó de mil pedazos y levantando a su cachorro lo apretó contra su cuerpo fundiéndolo con él en una sola alma y besándolo como nunca lo había hecho dá vueltas de emoción. En una de tantas vueltas vé al Gran Conejo que lo mira con una sonrisa satisfecha, Leonardo asiente con la cabeza en señal de agradecimiento y sigue abrazando a su hijo. –Mira mamá, el Señor León recuperó a su cachorro, salúdalo!- la madre feliz de la vida saluda en la dirección que le señala Tomás, ella sin ver a nadie dice –donde quiera que estés, gracias!-
Y recuerda, tú eres la Felicidad de alguien, no dejes que te busque en vano.
jueves, 2 de abril de 2009
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Y para terminar y dejar inaugurado éste blog les dejo uno de los cuentos que más quiero -si alguien puede querer más a un hijo que a otro- y les pido por favor que lo lean de corrido, no pierdan ni un ápice de magia.
ResponderEliminarque groso gordis!!!!!!!!!!
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