jueves, 18 de junio de 2009

La Ejecución

Lo vi con la mirada perdida abstraído en quien sabe qué pensamiento, pensé en los momentos alegres que me había regalado, llenando el vació que reinaba en mi casa.
Sus cortos pero bien vividos años, pesaban en su vida más que sus penas. Había vivido feliz, con un amor pasajero, dos hijos que hoy ya no estaban junto a él, un hogar donde era valorado y respetado. Todo el que se le acercaba lo escuchaba atentamente, en silencio. Sí, en verdad era el centro de atención de la casa.
Al amanecer de su último día cantó como nunca, ni en sus años mozos lo había escuchado así.
Llenó sus pulmones y cantó hasta hacer sangrar su garganta, mis oídos recordarían ese orgullo en el final de mis días, después durmió tranquilamente hasta que la luz de la cocina lo despertó. Era mi madre, que pese a lo por venir, seguía su rutina con él.
Era la hora.
Entré a la cocina, mi madre al verme me sonrió con tristeza, la abracé fuertemente, la tomé de las manos, no quería oírla sollozar, la llevé rápidamente al comedor, la senté en su sillón y le dije que era lo mejor para él. No sé si entendió, la mejoría de la muerte de esa mañana la había confundido, le alcancé un pañuelo y comenzó a llorar amargamente.
Desandé mis pasos, al pasar por el pasillo tomé el arma que había dejado apoyada en el marco de la puerta, qué ironía, un matagatos, el frío del caño me estremeció, -¿que estoy haciendo?-, -lo mejor para él-, me consolé y entré a la cocina.
Ahí lo vi, con la mirada perdida contra la ventana, unos pájaros al verme salieron volando, quizás algunos amigos.
Pensé en la soledad que sentiría, maldita enfermedad. Lo agarré con ambas manos, él se dejó asir, besé su cabeza, lo devolví a su lugar.
Quería hacerlo rápido, las manos me sudaban, tomé el arma y por los barrotes pasé el caño hasta su nuca, él se estremeció, me daba la espalda, sabía lo que venía. Dudé, no tenía el suficiente valor, bajé el caño, las manos me temblaban, él volteo la cabeza, sus ojos brillaban al verme, hinchó el pecho y desplegó las alas, el sol que entraba por la ventana iluminó con sus rayos el rojo de sus plumas volviéndolas de fuego, cerré los ojos y disparé.
Caí de rodillas al piso dejando caer el arma, mi madre acudió corriendo al escuchar la caída, me oprimía el corazón aquella carga, mi madre ya repuesta me consolaba, -era lo mejor para él- me susurró. La abracé por un largo rato.
Había sacrificado al canario.

Día de la Mujer

Hay amistades que se miden con la regla de lo que dá o de lo que se puede obtener de ella, hay las que son puro interés para lograr un objetivo común y las hay, por suerte, las que ven en la verdad, aunque a veces duela, el soporte de la sinceridad y la nobleza. Pero cuánto vale una palabra de aliento, una mano que se tiende o una mirada cargada de emoción? Respuesta: su peso en oro, aunque no pesen nada. El corazón cubre distancias sorprendentes para el mundo de hoy y descubre en cada metro el milagro de la amistad, aunque a veces trastabille. Hoy, Mujer, Madre y Amiga, enaltece tu género y ojalá que tus amigos superen con creces el número de tus dedos; por lo pronto conmigo te podés anotar uno, al menos déjame ser tu dedo meñique.

Las Palabras de un Hijo

Prólogo de “Una Historia, Mil Historias”

Hola mamá, sabés quién soy, no te extrañes que al hablar no mueva mis labios, sabés que así me entendés mejor, solo con la mirada, solo con el corazón, con el sentimiento de haberme llevado dentro tuyo y comprender que cada latido mío es parte de vos. Sí, sabés quien soy, soy tu hijo mamá.
Ese que en medio de tanto sufrimiento trajiste a este mundo envuelto en tantas ilusiones y deseos, ese que por el que día a día luchas sin descanso, ese que siempre te hace sonreír o llorar de alegría, ese que siempre va a estar a tu lado pase lo que pase y no te va a dejar jamás.
En este día veo tus ojos, que, extraviados, miran al vacío, no temas mamá, acá estoy.
Contemplame mamá, admirame en todo mi esplendor lo maravilloso de la creación, de tu creación, soy parte de vos, pero que digo?, soy vos, tus ojos, tus manos, tu piel, tu alma…tu vida. Somos uno. Somos nuestra propia familia.
Mirame jugar mamá, mirame madurar y sorprendete lo que aprendo todo los días, lo que vos me enseñas, lo que me transmitís, por tu voz, tus acciones, tus gestos, tu mirada, tus manos.
Mira mis manos mamá, que chiquitas, pero no te preocupes porque se hacen gigantes y fuertes para defenderte cuando llegue el momento de cuidarte.
Soy tan solo un niño feliz, con vos mamá, con tus consejos, tus retos y tus caprichos, simplemente soy feliz con vos, nada ni nadie en este mundo me va a hacer creer de otra manera, tus pensamientos son los míos y tu espíritu soy yo, lo sabés.
Contené tus lágrimas mamá, no llores aun, guardalas para cuando el destino y el tiempo te las reclamen, y que sean de alegría, gozo y regocijo.
Besame mamá, acariciame, cuesta creer no?, una personita tan chiquita con un corazón tan grande y un interior tan puro, no te sorprendas mamá, soy tu hijo, compartimos tantos meses juntos y compartiremos quién sabe cuántos años más.
No mamá, no sufras, es tan solo tiempo, ya creceré y quizás parta buscando mi destino pero quiero que cepas que siempre vas a estar en mi y yo en vos, solo uno. Pero falta mucho mamá, falta, y mientras disfrutame, y si encontrás a alguien tratá que sea merecedor de mi, de los dos. Cuidado mamá, las rosas son hermosas en color y perfume pero traen grandes espinas, como la vida, tomalas del tallo con delicadeza, acercalas a tu nariz, sentí el aroma, cerrá tus ojos, dejate llevar, pero no te olvides que el hechizo dura poco, al tiempo se marchita y solo es un recuerdo.
Qué linda es la vida desde acá abajo, que despreocupado me siento sabiendo que estas a mi lado, vigilando mis pasos, protegiendo mi alma, curando mis heridas, velando mis sueños. Somos las únicas personas que sabemos que nuestros Ángeles Guardianes somos nosotros mismos, sin alas pero con valor, coraje y corazón.
Mamá, seguro algo se me escapa pero no hace falta decir más, esto solo es para afianzar aun más nuestro amor y por si nadie alguna vez te lo dijo, que día a día solitos construimos nuestra familia, y cuando tus fuerzas flaqueen lee mis palabras y comprendé que no caminás sola.
Apretá mamá, apretá fuerte mi mano, que yo te cuido.

Te quiero mamá

La Carta

La madre abrazaba al niño sentado en la orilla de la cama, del otro lado del comedor la puerta de salida tronó por el golpe al cerrarse. El hijo lloriqueaba tomándose la espalda, la madre frotándolo trataba de mitigar el dolor, se mordía los dientes, por qué no tenía el valor suficiente para terminar con tanto sufrimiento?. De la mesita de luz sacó un papel amarillento y arrugado, lo abrió sin dejar de sostener a su hijo y se lo quedó mirando largo rato. -que es mamá?- le preguntó el pequeño, -una carta hijo- respondió -es tan solo una carta- el nene se incorporó, dejó de sollozar, el dolor debía de persistir en él, hizo una mueca disimulándolo y demostrando valor abrazó a su madre -por qué siempre la leés, mamá, qué dice? -intrigado se enjugó las lágrimas con el puño del pijama y miró en el papel las letras que no entendía con mirada curiosa, trató de sonreírle a la madre con una mueca, - me la escribió alguien que me amó profundamente con todo su corazón y más, y yo rechacé, por egoísta, por pensar en mí y no en vos- se quitó los lentes oscuros para secarse las lágrimas, hizo un gesto de dolor al tocarse el ojo morado que ya empezaba a ponerse en compota, -hace tiempo que murió, pero donde quiera que él esté, desde ahí nos cuida, hijo mío-. El chico olvidándose de lo ocurrido apretó a su madre contra sí y la besó muchas veces hasta casi hacerla sonrojar, -todo va a cambiar mamá, ya vas a ver, todo va a cambiar- y se quedó mirando la puerta de la habitación como perforándola hasta llegar a imaginarse que lo tenía con sus manitas aferrado por el cuello, golpeándolo una y otra vez como él hacía con ellos hasta matarlo, -todo va a cambiar, amor, no temas, -la mirada del hijo se volvió hacia ella y después de darle un beso le leyó la carta una vez más.

La Banda

No sabía si se había escapado o lo dejaron ir. Quizás su avanzada edad limitaba sus habilidades o era algo referente a su servicio.
Ya no lo recordaba.
A veces al ver algún hombre recordaba un rostro, pero de nada servía más que para traer un recuerdo muy lejano.
Ahora tenía nuevos amigos, el tuerto Billy, el loco Patán, muy loco por cierto, el petiso Pompi y Layla, el amor de su vida, mucho menor que él, y dos más que no tenían nombre, el negro y el pelado, dos hermanos de diferente padre pero de una loba como madre.
Vivían en el Rosedal de Palermo, cerca del lago donde los patos juegan carreras con los botes.
Era el líder de su banda, los años y su tamaño lo habían querido así; buen jefe, mejor amigo. Los fue conociendo de a poco, se le arrimaban con la cabeza gacha y el los aceptaba, les enseñaba y los protegía.
Cierto día de aguas traicioneras caminando por la orilla del lago oye gritar a un chico pidiendo ayuda, otro estaba chapoteando en el agua en el centro del lago, se había caído del bote y estaba ahogándose, se detuvo y recordando sus mejores tiempos se abalanzó sobre el agua como un rayo, nadó sin detenerse hasta el muchacho que ya no hacía pie, y casi dejaba de moverse, tomándolo de la solapa lo arrastró a la orilla, inconsciente. Los que estaban con el chico lo ayudaron a salir y lo apoyaron sobre las piedras, tosiendo de a poco se fue recobrando, él lo miró torciendo la cabeza y se alejó cuando vió llegar un policía.
Tiempo después lo atraparon los del parque y se lo llevaron en una jaula, sabía lo que le pasaría, ahora recordaba de dónde había escapado hace ya mucho tiempo, de las garras de la muerte. Ya era tarde y no tenía fuerzas ni ganas de volver a hacerlo, con paso cansino se dejó llevar , lamió la mano del veterinario que sujetaba la jeringa letal, apoyo la cabeza y cerró los ojos con un suspiro.
Triste final para un héroe.

Hasta despertar

Duermo junto a ti
Descanso junto a ti
Me alivia estar junto a ti
Te siento tan cerca mío que a veces olvido que somos dos
A veces el egoísmo me envuelve
y la pasión se esfuma en las brumas del silencio
Quizás no hablamos,
pero nuestras mudas bocas piden a gritos tocarse en un beso
quizás no me toques,
pero nuestros cuerpos arden de gozo al vernos pasar
quizás digas que no me quieres,
pero puedo sentir a mil tu corazón hasta estallar por el mío
como el mío lo hace por ti…

…y como en un sueño también hay pesadillas
de las que deseo despertar con todas mis fuerzas
pero las garras de la noche me atrapan y vencen mi voluntad
y caigo en el torbellino de la sin razón
alimentada por las sombras de mi vacío y mi confusión
pero nada de eso me importa pues sé que al final de la oscuridad
como un túnel tu voz me llama a ti
miles de manos intentan retenerme pero saben que es en vano
pues aunque mis ojos ciegos no vean... mi corazón siente
y siente que después de la pesadilla llega la luz
la luz de estar contigo en tus brazos
calmando mi amargura por la noche triste
hoy no quiero decirte que te amo
hoy quiero GRITARTE que te NECESITO!!!

Yo tan cerca y vos tan lejos

Ya no recuerdo la primera vez que te vi, aunque tampoco me interesa demasiado acordarme. Lo importante en realidad es el presente, como te veo ahora, a la distancia, separados por tantas cosas que si nos diéramos cuenta veríamos cuantas tenemos en común.
Recuerdos, eso es el pasado, vivo el presente pero, ojalá pudiera recordar cada sonrisa, cada mirada, cada palabra que expresada en sus razones me brindaste en otros tiempos. Pero la vida continua, yo tan cerca y vos tan lejos que en un suspiro cabría el abismo que nos separa, en una gota de agua entraría la inmensidad de nuestras diferencias y en un grano de arena el mundo entero sin vos.
De mis silencios brotan enloquecidas palabras impronunciables de agonía y tormento que destilan el verdadero sentimiento que me embarga, sentimiento noble y egoísta que más de mil nombres tiene con cada acción que realiza. Y qué es el amor si no eso, pelearle a lo imposible con las armas que da el corazón para ganar otro y completar la armadura que nos hace invencibles, que nos da valor para enfrentar a otras almas, nos da el coraje para proteger la luz entre las sombras, y nos tiñe de sangre y luto apagando nuestras vidas si se pierde… No, no retrocederé ante el silencio de tus palabras o la vista esquiva hacia el piso, hará falta más que eso para reducir mi pasión a cenizas, para invocar al monstruo de la desdicha o para sanar la herida producida por un rechazo…
Te miro y mis nervios erizan mi piel donde la roza la brisa de tu cuerpo, mi nariz intenta secuestrar tu aroma de jardines edénicos y mi boca abierta suplica un poco de tu aliento… pero saben que no me pertenecen, solo una ilusión mantiene vivos a todos mis sentidos, solo el pensar que volveré a verte mañana me evita la ceguera, el contestar vacilante cada una de tus preguntas no me vuelve mudo, el sentirte en ese abrazo me mantiene con vida…
Descubro de cada día que muere, el vacío que deja un latido sin respuesta y de cada día que nace me compadezco de su suerte pues, la puntualidad de la muerte lo encontrará sin remedio y lo que es peor, sin otro latido que retumbe como un eco a su lado…

Nadie muere por amor… y nadie mata por piedad!