jueves, 18 de junio de 2009

La Banda

No sabía si se había escapado o lo dejaron ir. Quizás su avanzada edad limitaba sus habilidades o era algo referente a su servicio.
Ya no lo recordaba.
A veces al ver algún hombre recordaba un rostro, pero de nada servía más que para traer un recuerdo muy lejano.
Ahora tenía nuevos amigos, el tuerto Billy, el loco Patán, muy loco por cierto, el petiso Pompi y Layla, el amor de su vida, mucho menor que él, y dos más que no tenían nombre, el negro y el pelado, dos hermanos de diferente padre pero de una loba como madre.
Vivían en el Rosedal de Palermo, cerca del lago donde los patos juegan carreras con los botes.
Era el líder de su banda, los años y su tamaño lo habían querido así; buen jefe, mejor amigo. Los fue conociendo de a poco, se le arrimaban con la cabeza gacha y el los aceptaba, les enseñaba y los protegía.
Cierto día de aguas traicioneras caminando por la orilla del lago oye gritar a un chico pidiendo ayuda, otro estaba chapoteando en el agua en el centro del lago, se había caído del bote y estaba ahogándose, se detuvo y recordando sus mejores tiempos se abalanzó sobre el agua como un rayo, nadó sin detenerse hasta el muchacho que ya no hacía pie, y casi dejaba de moverse, tomándolo de la solapa lo arrastró a la orilla, inconsciente. Los que estaban con el chico lo ayudaron a salir y lo apoyaron sobre las piedras, tosiendo de a poco se fue recobrando, él lo miró torciendo la cabeza y se alejó cuando vió llegar un policía.
Tiempo después lo atraparon los del parque y se lo llevaron en una jaula, sabía lo que le pasaría, ahora recordaba de dónde había escapado hace ya mucho tiempo, de las garras de la muerte. Ya era tarde y no tenía fuerzas ni ganas de volver a hacerlo, con paso cansino se dejó llevar , lamió la mano del veterinario que sujetaba la jeringa letal, apoyo la cabeza y cerró los ojos con un suspiro.
Triste final para un héroe.

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