sábado, 4 de abril de 2009

El Umbral

Cuando paso el umbral de mi casa y cierro el portón, hago un paquetito con todos mis problemas y los dejo a un costado, ahí cerca del pino. Saludo al perro acariciándole la cabeza (es increíble que solo pida eso) y miro desde lejos la entrada de mi casa. Mientras atravieso el parque y el perro salta y da volteretas (que bueno, por lo menos alguien se alegra de verme!), voy sacudiendo restos de problemas y desventuras que aún siguen agarrados como garrapatas a mí.
Cuando llego a la puerta miro hacia atrás, hacia el portón, y veo todos los problemas que me sonríen desde lejos, desdeñosos y como si hablaran escucho un “descansa ahora en tu castillo que mañana volvemos con vos” y los ojos titilan como luciérnagas hasta que se apagan.
Meneo la cabeza de un lado a otro y no puedo evitar sonreír mientras la puerta de la casa se abre desde adentro y me baña la luz y el olor a pan caliente…

Estoy a salvo, por lo menos hasta mañana...

1 comentario: